‘VALLE DE LÁGRIMAS
Jue, Abr 15, 2010
Por: Marco Antonio Espinoza López
por / Marco Antonio Espinosa López
En esta ocasión mi estimado lector quiero compartir una misiva que redacté, emocionado por la generosidad con la que se han abierto las puertas para inscribir nombres en los muros de ese que dicen es “nuestro hogar”, en donde supuestamente están “nuestras voces representadas”, para hacer una petición a quienes generosamente suelen dar espectáculos un tanto cuanto circenses; sobre todo cuando deciden enfrascarse en sus dimes y diretes por demás estériles.
La carta dice así:
“Con base al artículo número tantos que me confiere la posibilidad de plantear cualquier ocurrencia y, a falta de héroes que requieran ser conocidos y reconocidos por nuestros flamantes diputados, exijo, de la manera más atenta y contenta que:
Lo más pronto posible y viendo la facilidad con que los muros del Congreso se han ido llenando de nombres no sólo de personajes ilustres, sino de instituciones harto importantes para el “desarrollo educativo del estado” (sobre todo nos damos cuenta que es así cuando sus egresados siguen escribiendo “avía”, “cabesa”, “tacci”; que prenuncian “más sin embargo”, “en veces”, “haiga”, “a grosso modo”, “de mutuo propio” o que confunden las enfermedades “gastronómicas” con las gastrointestinales etsetera, etsetera, etsetera, reitero; solicito que por mis pistolas inscriban con letras doradas el nombre de los jardines de niños La Abejita Feliz, Campanita, El Oso Perezoso y El Castillo Encantado entre otros cientos; así como el de las guarderías subrogadas del IMSS, del ISSSTE y las de SEDESOL.
Sí, ya sé que tengo que darles mis razones para que puedan hacer lo que les solicito y bueno, se las daré…las razones, y son: que en dichos lugares nuestros pequeños criaturos y criaturas tienen que hacerse a la idea que tienen unos padres que por el exceso de empleos con bajos salarios, un poquito menos, tan sólo un poquito, que el que tienen quienes han de aprobar esta iniciativa de decreto, existe la necesidad de ir a botarlos a tan concurridos lugares para poder corretear ya no la chuleta, sino los frijoles cocidos que venden en la tortillería de “doña pelos”.
Otra más es porque nuestros pequeños ahí aprenden, no por gusto sino por necesidad a caminar al poco tiempo de llevarlos, porque son tantos que las miseses no se dan abasto para cuidarlos uno a uno; también porque los niños aprenden a defenderse sin necesidad de clases de artes marciales, sobre todo cuando hay un pequeño canibalito al que le da por morder, rasguñar y aventar a todos los demás.
También creo que deben estar con letras doradas porque los niños se vuelven conocedores del arte del bien hablar y dicen “popo”, “chis” y de vez en cuando “pichiputo”.
Son tantos y tantos los motivos por los cuales deben inscribir sus nombres en tan honorables muros.
Uno más es porque creo que en alguno de esos lugares se formó quien se encarga de solicitar la hechura de las letras que forman los nombres que ya están inscritos, pues aprendió, y lo hizo muy bien, la canción de Cri Cri, el famoso Grillito cantor de “La marcha de las letras”; tanto que se puede ver reflejada en ambos muros esa parte que dice “una es flaca y la otra gorda porque ya comió”, además que todas parece que llegaron brincando la cuerda como lo hace la U.
Bueno me despido esperando contar con su amable atención, al menos si no quieren poner las letras doradas de mis propuestas, hagan algo por favor con las que ya están, porque ahora que está el mural de Rufino Tamayo, espero y deseo que vengan a visitarlo bastantes personas y, de verdad, da muy mal aspecto tener una sopa de letras mal acomodada y con tipografía de chile y de dulce en los muros contiguos a tan maravillosa obra.
P.D. Si turnan mi solicitud, si no es mucho pedir, no la turnen a diputados que están acostumbrados al jarabe de pico; porque hay uno que otro que se compromete públicamente con los exbraceros y nomás nada de nada.
Etiquetas: Marco Antonio Espinosa López, Valle de Lagrimas







Página en Facebook
Perfil en Facebook
Notas relacionadas